Bitácora de un Bailadero

A un año del I Campamento Feminista Decolonial Canario, damos vida a este blog donde encontrarás multitud de materiales de lo allí acontecido. Para que siga prendida la llama de nuestras ansias de libertad, de descolonización de nuestro territorio, nuestra identidad, nuestros saberes y nuestras cuerpas.

Bitácora de un Bailadero


Es innegable que los movimientos feministas nos encontramos en un momento histórico único, muy activo y combativo: no hace falta más que pensar en el último -y hermoso- 8 de marzo. Por otro lado, la coyuntura actual del Estado español pone de relieve la crisis del mismo, una crisis que afecta a nuestro territorio de manera específica ya que continúa bajo un régimen a todas luces colonial.

Llevábamos ya tiempo queriendo enredarnos para hacer “algo” que fuera hecho por y para nosotras, en Canarias, “una revistita quizá”, pensamos alguna vez. Fue algún que otro cabreo “colonial” lo que seguramente nos dió el primer impulso. Éramos nueve cabritas jairas en la primera asamblea, y nuestro ímpetu acabó desembocando en un encuentro de varias jornadas tipo campamento abierto a mujeres de todas las islas que pretendía acoger a lo sumo a 40 mujeres, creyendo que no llegaríamos ni a cubrir el cupo. Para nuestra sorpresa al día siguiente de difundir el formulario de inscripción ¡se habían inscrito 125 de todas las islas! y eso sólo en apenas unas horas. Cerramos el plazo de inscripción antes  de lo previsto por si se nos desbordaba la isla, y aunque ampliamos el número de plazas, muchas quedaron con la magua por no poder venir, pues no encontramos espacios ni recursos para albergar a tantas personas. Así, el campamento que en ese primer momento iba a celebrarse en el Espacio Social y Autogestionado La Casa, ante la imposibilidad de este espacio de poder albergar a tantas personas para dormir, se terminó realizando entre la bruma de las medianías de La Orotava. El Museo Pinolere nos arropó en el hermoso paisaje del parque natural para emprender nuestro bailadero particular.

Este hecho dio constancia del gran anhelo que respirábamos muchas de pensar Canarias y de pensarnos a nosotras como mujeres canarias. Un anhelo que ansiaba y ansía mirarnos mirarse colectivamente en este vacío común de identidad diluida, al que nos arrojó el legado de la colonización y que nos coloca siempre en una “otra” periférica y subalterna frente al sujeto colonizador, e incluso, frente al feminismo hegemónico.

¿Atraviesan las prácticas coloniales a nuestros feminismos y luchas? Fue una de las preguntas que nos planteamos en el inicio de este camino. Era sabido que el síndrome de la colonizada traspasaba y traspasa todas nuestras barreras y se respiraba hasta en los poros de nuestras pieles canarias, y aun partiendo de la teoría, nos vimos y nos seguimos viendo en un desierto bastante ausente de nuestras voces e historias, quizás, y claramente, por la vieja tendencia europea de definir a la “otra” como irracional, poco erudita o bárbara, o como nos llamaron en estas islas rotas desde la colonización, maúras o magas. Y resulta, que esa “otra” no son otras que nosotras. Discurso doloroso que fuimos asimilando en el transcurso de la colonización y nos dejó en este desamparado vacío, y con la dificultad de valorar nuestras voces y darle luz a nuestros pasados y presentes como mujeres de estas islas.

De ahí nació la necesidad de plantear un encuentro intensivo bajo el nombre de Campamento Feminista Decolonial Canario, concepto que adquiere importancia en la medida en la que estamos indiscutiblemente impregnadas de colonialismo quinientos años después de la conquista. Es irrebatible que no podemos plantear una era postcolonial sin descolonizar nuestro territorio, nuestros cuerpos, nuestras relaciones y nuestro conocimiento. Ardua e ineludible tarea sacamos de nuestra primera reunión: que la descolonización de Canarias era ineludible e imprescindible punto de partida.

Una vez prendimos la mecha, y echamos un vistazo a nuestra situación, en estas islas africanas, empezamos a calentar nuestras manos en una hoguera llena de intenciones: la primera, visibilizar y hablar de la Independencia de Canarias sin trabas ni tabúes. Y la segunda, la necesidad de un feminismo autocentrado basando nuestras acciones políticas en las problemáticas concretas de nuestro territorio, situado en los márgenes, empobrecido y con una situación de desigualdad desmesurada a pesar de las riquezas de esta tierra y ligada al brutal neoliberalismo con lógicas de expolio y políticas coloniales.

Ya en el campamento, con las brasas aún candentes en medio de aquel bailadero en las medianías de La Orotava, y entre el frescor de las brumas bajo las faldas del Teide, nuestra magua se fue mezclando con la esperanza. Salieron bocas llenas de rabia y ojos húmedos al vernos en aquel desamparo: hablamos de nuestra lengua minusvalorada, nuestra historia aniquilada e invisibilizada, de nuestros cuerpos y territorios explotados y sometidos, de una identidad propia y un autoconcepto roto e infravalorado por el ojo opresor y por tanto el propio. Salió a la luz la realidad social que vivimos en las islas con lógicas económicas, sociales y políticas aplastantes, que nos sitúa claramente como colonia frente a un estado opresor que coloca nuestras agendas a su servicio, define nuestros pasados e identidades a su antojo y explota nuestras tierras para seguir llenando sus arcas financieras. Hablamos también, a pesar de la dificultad que presenta el tema, de las relaciones interpersonales opresoras que se dan con actitudes colonialistas cuando interactuamos con territorios opresores (infantilización del discurso canario, exotización de nuestros cuerpos y acento, trato burletero…)

Las charlas de las ponentes fueron la llama de la hoguera que dió luz a nuestro pozo profundo lleno de incertidumbres y cicatrices. Los debates que se generaron y dilataron en el tiempo como una goma de chicle inagotable, nos regaló en el espejo de aquella sala, un reflejo que iluminaba las miradas de cada una de nosotras en el que esa identidad fragmentada y doliente fue dando paso a la esperanza, y a las profundas raíces donde se sostienen no solo nuestros dolores sino las fortalezas de todas las mujeres que nos han hecho llegar hasta aquí.

Nos llevamos tareas que se tejían en conversaciones de cocina y guitarreo, tareas primordiales como dar luz a las historias invisibles y poco contadas de nuestras abuelas y vecinas. Alumbrar nuestros saberes propios, los de nuestras antiguas, los saberes que viajaron en barcos de vela al Caribe para emigrar y volvieron, las historias que se quedaron meciendo la espera, los trucos de nuestras santiguadoras y harimaguadas para curar los males de la vida, el conocimiento de las manos que trabajaban nuestras tierras y navegaban nuestros mares, las músicas que danzaban nuestros pies ancestros, las cicatrices de un pueblo en lucha, las opresiones y sus resistencias… Recoger e instaurar al fin un saber propio y autocentrado sin el dictamen rancio y erudito de la putrefacta y eurocéntrica Academia. Generar nuestras particulares líneas de pensamiento, luchas y acciones basadas en las problemáticas de nuestros territorios, caminando y dando luz a nuestras razas, géneros, clases y disidencias sexuales cavando profundo hasta encontrar el camino seguro que han horadado nuestras raíces. Las raíces de nuestra tierra rota en medio de un Atlántico rebosado de rabia e ilusión.

Una ilusión que un año después de este primer encuentro de miradas y feminismos con ansias de descolonización y autoconocimiento sigue tan viva como aquel primer día de campamento en septiembre en que esas nueve cabras jairas nos convertimos en inmenso mar de guanilas cubriendo el verde de Pinolere. Unas guanilas que han sembrado semillitas descolonizadoras en sus vidas y sus proyectos, en sus modos de hacer y de verse y de encontrase con otras. Unas guanilas que esperan ansiosas el segundo encuentro Feminista Decolonial Canario.

Tenerife, Septiembre de 2019

Asamblea Organizadora del I Campamento Feminista Decolonial Canario

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora